EL DESCENSO AL ASCENSO

Estoy sentada en el avión destino a Madrid. Mi cabeza está en los familiares y amigos de las víctimas de la tragedia de #GermanWings. Ahora mismo llevaré más o menos el mismo tiempo de vuelo que se calcula que llevaban ellos antes del trágico accidente. Muchos sueños, proyectos, ilusiones perdidas en tan sólo unos minutos y 149 familias rotas que se despedían de sus seres queridos con un "hasta la vuelta", o "te veo en un rato" o "mándame un whats app cuando aterrices". Es imposible ponerse en la piel de los centenares de personas que ahora mismo sólo el dolor, shock, incredulidad, y más dolor, corren por sus venas. Nada tiene consuelo, nada puede devolverle a sus seres queridos, ni siquiera el calor de todos los países unidos con ellos calman ese dolor ante la tragedia. Pero aún así, todos seguiremos apoyando y ayudando en la medida que esté en nuestra mano a todos y cada uno de ellos. Cierro los ojos y veo a los 16 jóvenes que vinieron de intercambio a España nerviosos por contarles a sus familiares que bien que se lo han pasado. A la cantante alemana con su marido y su bebé... Se me parte el alma. Miro a todos los lados del avión y me parece verles. No supe quienes eran pero podríamos ser nosotros. Miro al señor que tengo al lado y pienso "¿tendrá hijos?, ¿estará casado?, ¿sus padres vivirán?, ¿le queda algún sueño por cumplir?" Y se me pone el pelo de punta.   Es inevitable que cuando sientes una turbulencia ahora se te encoja un poco el corazón por...